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lunes, 18 de agosto de 2014

Fragmento...


Pienso en la ciudad donde vivimos, recorro mentalmente sus calles, las esquinas, observo el rostro de la gente en las paradas de colectivos, repaso los templos, la catedral y veo al señor obispo en su pomposidad barroca, que ha recuperado lo peor de un tiempo, que el Concilio Vaticano II había superado, la importancia de la seriedad ritual para la presencia de Dios; es decir, imaginar que Dios habita en la forma celebrativa, en el incienso, en la perfección de los elementos litúrgicos, las vestiduras, la música sacra. Es como si Dios habitará en la seriedad y la pulcritud, porque es lo que le agrada, porque prefiere la perfección límpida que el sudor de la gente de la parada de ómnibus. Ciudad del Este es pobre y la mayoría de la población está en los barrios marginales, donde el estado, a dura penas, ha abierto caminos y nada más, el resto la gente ha hecho como podía. Esta ciudad es imperfecta, es corrupta, es sucia, por lo tanto podemos creer que Dios no puede estar por aquí a no ser en la catedral. Lo cierto es que esta ciudad necesita mucho más agua potable, redes cloacales, escuelas, hospitales, centros deportivos y culturales, universidades, que liturgias perfectas e inciensos aromáticos, donde la perfección y la sacra seriedad prometen la salvación por medio de un Dios preso en la sombra del concilio de Trento. 

viernes, 18 de julio de 2014

fragmento II



Mirá Domingo, puedo pensar que soy mejor que tú, pero eso no me da el derecho de desdeñar, por una supuesta superioridad que probablemente no pasa de una fantasía mía. En Carazinho tengo un círculo de amigos, debemos ser cerca de treinta hombres y somos apenas dos negros en el grupo. No pienses que sufrimos alguna discriminación por causa de nuestro color, no, la verdad es que nos divertimos mucho en medio de aquellos blancos, cuyos defectos y cualidades son también nuestros. Pelé Júnior hablaba vehemente mesclando portugués y castellano. Cuando miró su reloj hizo una mueca y me pasó la lista de las mercaderías que debía llevar, claro, pidió descuentos. Es un hombre simpático, dijo mi madre al verlo correr con la bolsa en la espalda.
Recordé a Pelé Júnior por no ser tan frecuente ese tipo de diálogos en el negocio. La cosa es que uno debe ser profesional en el mercado como si el profesionalismo significase seriedad. Esa noche pensé en la imagen que tenemos de los brasileros como gentes alegres, fiesteras, felices con sus carnavales, sus ritmos, su fútbol, sus mujeres exuberantes preparadas para exhibirse en la televisión con quilos de plásticos en el cuerpo. Si existe algo que los caracteriza es la alegría, el espíritu lúdico delante de situaciones adversas, un optimismo que les ayuda a superar sus problemas. Es el prototipo que tenemos de ellos, claro, con las variaciones normales que cualquier prototipo puede sufrir. Cuando pensamos en los argentinos la idea que tenemos es que estamos delante de una actitud rígida, casi de dolor delante de la vida. Sábato, Borges, el tango, han ayudado a reforzar estas ideas. El tango es un ritmo tristísimo, expresión melancólica de gente desarraigada. Borges se divertía escribiendo sus cuentos en una suntuosa biblioteca, pero se trataba de una diversión meramente intelectual. Es sencillamente inimaginable ver a Sábato sonriendo, por ejemplo. Expresan muy bien la imagen argentina que nos hemos creado. Nosotros los paraguayos estamos en medio de estos países gigantescos, ¿cómo quedamos? Ojalá pudiéramos decir que conseguimos hacer la síntesis, que alcanzamos un punto de equilibrio entre estas dos actitudes delante de la vida, entre la alegría y la gravedad, pero lo dudo, pues me parece que pendemos mucho más hacia la melancolía, no como resultado de barcos llenos de inmigrantes europeos flemáticos que pobló la Argentina, tampoco la alegría carnavalesca de los descendientes de africanos, sino la melancolía guaraní, hecha de un silencio taciturno y vengativo. Como si fuera la maldición de la palabra-alma enclavada como espina de pescado en la garganta de cada uno de nosotros. Pero solo son máscaras, digo, prototipos que imaginamos, caricaturas forzadas de grupos de personas que, en un solo día, son capaces de vivenciar todo aquello al mismo tiempo. Siendo felices, alegres, musicales, poéticas, graciosas, tristes, taciturnas, explosivas y violentas.

jueves, 24 de abril de 2014

MUCHO GUSTO

Es necesario saber que las cosas pasan y que las personas mueren. Recordé las palabras de mi sueño sin abrir los ojos. Me parecía que sabía aquello, pero me dejé llevar por un entusiasmo infantil y cuando me di cuenta ya era tarde. No había forma de regresar a casa como me hubiera gustado. Quizás todo haya ocurrido así, como en el cuento de Kafka, me desperté convertido en un animal irreconocible, con la sola memoria del día anterior, de modo que no sabía lo que había ocurrido.
Traté de levantarme pero no lo conseguí porque no tenía patas, más bien unas antenas se extendían en mis extremidades. Quise gritar y lo que salió de mi boca fueron apenas articulaciones irreconocibles, balbuceos, que no tenían nada de humano. Debo estar soñando, dije tratando de tranquilizarme, pero el grito de horror de Morena me confirmó que no se trataba de un sueño. Era un animal horrible, igualito, como había sucedido en la cama de Kafka.
Parecés una araña, dijo Morena sujetando su espanto con las manos. Quise pedirle que se calmara, que debía existir alguna explicación razonable, pero su espanto era tal que se tomó el pelo y estaba como para arrancárselo.
La sorpresa fue grandiosa cuando ingresó a la habitación y se miró en el espejo, había ocurrido lo mismo con ella. Quise reírme de nuestra estúpida situación. Es su culpa, pensé, pues el día anterior había dicho que deseaba ser una cucaracha para ingresar en mis pantalones. Claro, ahora estaba realizado su sueño y para colmo me tomó también a mí su transformación. Ahora estábamos los dos en ese estado deplorable de pura descomposición.
Fue el Alacrán que me mordió ayer, dijo ella con pavor al tratar de entender lo que nos había ocurrido. ¡Puedes hablar!, dije, admirado al percibir que también yo podía hacerlo. Fue el maldito Alacrán que estaba en el florero del jardín, me había mordido la punta del dedo, dijo ella desconsolada.
No podemos seguir así, grité yo, no es posible que esté ocurriendo esto. Parece un sueño, debe ser un sueño, dije, cada vez bajando más la voz al recordar lo que había soñado unos años atrás. No puede ser, dije cerrando los ojos. No es posible, creía que fuera apenas un sueño, no puedo creer que sea verdad, dije, ahora entre largos suspiros desesperados.
Morena, ¿recuerdas el sueño que te conté años atrás?, pregunté implorando con los ojos una respuesta positiva que necesitaba pues me parecía que me estaba volviendo loco.
¿Qué sueño?, respondió devolviéndome la pregunta. El sueño de la muerte, respondí con la voz estremecida. ¡Oh, no!, dijo ella, esa misma historia, no por favor, dijo tratando de mover la cabeza despacio como si fuera una hormiga gigante.
Sí, está ocurriendo Morena, dije desolado, nos estamos convirtiendo en insectos, por más que en mis sueños éramos mariposas. ¡Oh, no!, será que aún vamos a transformarnos en otros seres peores. No puede ser, esto no puede estar ocurriendo, dijo ella, yo prefiero la muerte que seguir siendo un insecto.
Quise decirle que no fuera tan dramática, pero me callé. Paciencia, dije con un hilito de voz. Fue lo último que recuerdo, cuando dije la palabra paciencia, ella inmediatamente dejó de ser el asqueroso ser que estaba sentado en la cama. Recuperó su cuerpo, la miré con esperanza, ella estaba desnuda, pero no parecía consciente de tal situación, será porque estaba muy feliz.
Paciencia, paciencia, dije aguardando recuperarme también yo de la maldición que había caído sobre nosotros. Repetí aquellas palabras que me parecían mágicas, pero infelizmente no ocurrió nada.
Morena se acercó con las manos hacia atrás, sin decir nada me besó medio asqueada, pero era un beso regalado al fin y dijo que ahora sí recordaba con claridad el sueño del que le había hablado. ¿En tu sueño eres tú quien muere o yo?, preguntó. Respondí que era yo y lo comprendí todo.

Ella sonrió y vació sobre mi rostro un litro de insecticida.

jueves, 3 de abril de 2014

TUERCA


Una tuerca desamparada
Entre rieles obvios
Delante el silencio de un rascado muro
Que absorbe la vejez del mundo

jueves, 27 de marzo de 2014

HERENCIA

III

Nelson sabe el poder de las palabras, sabe que es necesario paciencia. La lluvia sostiene pero exige clemencia. Dios
era Palabra, volaba sobre las aguas, por lo menos así enseñaron los hombres extraños vestidos de negro. La luz aún no era nombrada, así dijeron, así nos enseñaron, así aprendimos. La luz no era, no podría ser. La oscuridad reinante, la oscuridad más fuerte, el silencio, la muerte del sonido. Inventaron armas y algunas palabras se rebelaron. Dios se arrepintió de haberlas creado, Dios se arrepiente a veces, así nos enseñaron ellos, los hombres extraños. Nelson sabe de sus limitaciones, de las cosas que ha visto en internet. Los hombres vestidos de negros enseñaron que Dios decidió terminar con las palabras más severas y más rebeldes, pero las palabras se prepararon, construyeron barcas, aviones, trenes e inventaron algo muy extraño: ¡inventaron la Nada! Cuando el Señor destruyó todo en un sólo segundo, quedó la Nada flotando como si nada, en la oscuridad total que la abrazó como si fuera su hija. Hubo silencio, apenas eso, ya no hubo palabra, vida no hubo, había ganado la muerte, vacío de Ser, de Haber de Estar. Nelson acaricia el brazo como si su memoria le provocara frío, la lluvia insistente, parecía inalterable. Inmutable. Ya no hubo tiempo, el silencio fue total, apenas la Nada inventada por palabras. Nelson tirita de frío y concluye que no comprende nada y se deja seducir por las luces de la ventana que encienden y apagan.

lunes, 9 de diciembre de 2013

HERENCIA

II

Nelson piensa cuando llueve y dice sus cosas sin cansarse. A veces también canta, pero sus cantos son ininteligibles. Dice que las palabras nacieron por voluntad de Dios, que llegaron al mundo, inventaron la vida y el dolor. Crearon un ejército apocalíptico, caballeros del mundo. Todo se originó de un estornudo, el origen del caos. Se multiplicaron, construyeron palacios, torres, armas y mataron. También amaron y se dividieron. Como un arcoíris, infinitas formas, combinaciones, variantes. El mundo conoció el amor y al mismo tiempo la guerra, la muerte, la vida, el dolor. Las palabras reinaron en el mundo, hubo una guerra. Nelson deja de decir sus cosas y suspira, mueve la cabeza y sueña. La guerra de los Verbos, de la creación, de Dios consigo mismo, de la oscuridad por conquistar al Verbo. La oscuridad siempre fue silencio, le falta palabras, no sabe Amar, la oscuridad es árida. Así fue el primer día del caos, recuerda Nelson en su silencio. Caos, revolución, caos. Inventaron los nombres y todo existió, existencia, palabras que eran buenas, buenas palabras. Nombraron, inventaron, crearon hormigas, lechuzas, caminos, despedidas, el amor y las lágrimas. Existieron, eran, habían, estaban. Del caos nació la vida, Nelson comprendió que el Verbo era la Vida. La lluvia le emociona siempre, se pierde siempre con las hojas que se mueven con las gotas carnudas.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Herencia

Mucho después de la Nada

I

Nelson habla cuando observa la lluvia y su corazón despedaza en la oscuridad. Dice que el tiempo explota por la ventana. Unas nubes oscuras preparan la muerte. Misterios de los que viven vuelan bajo con sus alas sucias de carbones. La tormenta nos limpiará de nuestros pecados, pecado haber nacido ensangrentado, de una mujer. Que gritemos, que gritemos ¿Qué importa? Si el tiempo explota y la vida vuela, renace, resiste. Persiste entre violentos rayos y quebrantos, que las palabras nacidas de la divina noche, del Dios único verdadero, Verbo del tiempo, nos hagan fuertes, endurezcan nuestros brazos, alivianen nuestro corazón de sus dolores. Que las palabras, insostenibles, etéreas, putas, santas, heroínas, chacales, a veces, generosas, nos ofrezcan paz, humanidad y lealtad. Dejemos de lado las alas que tenemos, o que pensamos poseer. Debemos correr, caminemos, corramos. La tormenta, la soberana muerte, Madre de todos los vivos, llegan con sus maletas para cegarnos las risas. Corramos, corramos hacia la nada, hacia la tierra que nos posee. ¿Adónde podremos ir? No usen las alas, serán nuestras últimas armas, no usen las manos, usen los pies. Somos humanos, apenas humanos, corramos, corramos.

martes, 10 de septiembre de 2013

LA LOCA


Deliraron las palabras el primer día
aún no sabían qué inventar o decir
hacían fogosas hormigas artesanas
y volaban indiferentes en hojas de rana
tenían pequeños hábitos deliciosos
decían cositas deleitadas deliradas
dulces en lengua y piel suave
retazos de viento en sábanas
las palabras jugaban con los espíritus
cosquillas con plumas de cigarras
mucho antes de la seriedad íntima
cuando apenas empezaba el mundo.

martes, 11 de diciembre de 2012

ME GUSTA PAPÁ NOEL

Es innegable que el espíritu comercial acapara todas las atenciones de este tiempo que vivimos. Las luces y los cantos típicos se mezclan con los gritos desesperados de los vendedores. Llama la atención que la razón de tanta celebración permanezca escondida, se supone que nos preparamos para celebrar el cumpleaños de Jesucristo. El motivo principal es la llegada y la entrada de Dios en nuestra historia y por eso en nuestra realidad cotidiana. El Concilio Vaticano II ha comprendido tan bien el significado de dicho acontecimiento que, sin dudas, ha marcado el mundo y ha dado un nuevo rostro a Occidente. El Hijo se hizo como nosotros y vino como un amigo para invitarnos a vivir con Dios. Con palabras simples el Concilio nos enseña la razón de la venida de Jesús al mundo. No vino para librarnos de nuestros pecados, también para eso; no vino para salvarnos de algo, también para eso; no vino para hacernos hijos de Dios, también para eso. ¡Dios vino porque nos Ama! Y es el Amor que libera, el Amor salva, el Amor nos lleva a tomar consciencia de que todos somos hijos e hijas de Dios. El mejor rostro de Dios, de ese modo, es el Amor. Dios es Amor ya lo decía San Juan. Es decir, lo que celebramos en Navidad, es la llegada del Niño Dios-Amor. Por eso no me desagrada para nada que la figura asociada con el comercio sea la de un viejito barbudo vestido de rojo. Él puede vender lo que quiera pues es un folclore inventado con dicha intención. Pero, nosotros los cristianos, no podemos olvidarnos del verdadero motivo de Navidad que es la mayor expresión del Amor de Dios. El mejor regalo de Navidad sería la posibilidad de una mesa festiva donde se pueda compartir la vida con los seres amados, pues una de las mejores expresiones del amor gratuito de Dios es una mesa compartida, donde la marca es la abundancia de todo, de comida, de bebida, de risas, de recuerdos de gentes que se fueron y de otros que llegaron. El cumpleañero estaría feliz si lográramos festejar su cumpleaños así. No debemos olvidar que “donde Reina el Amor, Dios ahí está”.

lunes, 3 de diciembre de 2012

LA TORMENTA


La escritura tiene el poder misterioso de devolvernos el tiempo perdido. Leyendo algún libro es posible regresar a mundos del pasado. Así ocurrió conmigo leyendo un texto de Alejandro Maciel, muchas imágenes de mi infancia revolotearon por la habitación tan lejos de todo. Recuerdo perfectamente la tormenta porque la oscuridad fue intensa y sin querer mi hermana metió su dedo en mi ojo. Entre lágrimas trataba de ver los rayos que brillaban entre las hojas mojadas de los naranjos. Nos habíamos refugiado en la casa de Ña Gervasia. La humildad de aquella casa era tan segura que el miedo fue disipándose con la tormenta. Apenas se escuchaba las gotas que caían del techo de paja anunciado que todo volvería a la normalidad de la vida. Un niño tiene el poder de magnificar la realidad. Cuando volví a aquella casa muchos años después vi que la casa era bajita, ya en ruina, abandonada, una tristeza como el mundo inundó mi corazón. Todo había cambiado. El país había empobrecido aún más. Ya no había tren, casi todos los vecinos habían migrado. Estarían recordando como yo, en las villas de la gran Asunción, el mundo encantado de la infancia, alimentando, quien sabe, los sueños que aún no se cumplieron.